CASTELLA Y PINAR DESPERDICIAN UN CORRIDÓN DE SAN LORENZO
Por Mario Juárez
Nuestra Señora de Las Ventas (Madrid)
La corrida de Puerto de San Lorenzo fue importante. De las más que se hayan lidiado en la feria. Con cuajo, una presentación de diez y un juego de los que ponen, en Madrid, el triunfo en bandeja. Por fácil, por noble y por importante. Casi todos a más, como el bravo sexto, un “Cubilón” de amplia eslora que es, desde ya, candidato a premio.
Tuvo el conjunto de Lorenzo Fraile siete u ocho orejas para cortar. Pero del tirón. Y el balance de una ovación y cinco silencios lo dice todo. Si dos figuras del toreo y otro que aspira a serlo no son capaces más que de eso, apaga y vámonos. Si el otro día los modestos cargaron con las culpas ¿qué decir ahora de las figuras, que en el sueldo llevan la obligación de resolver y marcar la diferencia? ¿A quién van a pedir explicaciones ahora? ¿A la supuesta falta de celo de los toros? A ver si es que ahora van a querer matar las de Moreno Silva…

El Cid, Castella y Pinar dejaron ir toros de puerta grande. Quizás la corrida triunfadora de la Feria
Del imponente sexteto, destacó sobre manera el último. Un torazo que empujó y se empleó en el caballo por abajo, que recargó y que se vino fijo y con prontitud a todo. Se vino a los capotes de largo y Pinar lo recortó por chicuelinas en el quite. Y se vino a la muleta, que no siempre se encontró puesta, que cuando lo hizo estuvo en la pala por sistema y que no lo enganchó tres veces de verdad. Un toro así, en Madrid, no se puede ir. Y la prueba es que al animal le pegaron una ovación de las de gala y al torero lo silenciaron. Por respeto, se entiende.
No se rompió la plaza con la corrida, quizá porque llevaba un hierro de esos que a unos pocos les gusta poner bajo sospecha a las primeras de cambio. Si la corrida viene de Portugal, de Cáceres o de Sevilla le estaban tocando las palmas por bulerías. Pero ahí la tuvieron los toreros y será difícil que se encuentren con otra tan fácil, tan noble, tan buena y que deje estar tanto. Y con tantas orejas posibles.
Abrió plaza un toro con mucho temperamento, el propio de los atanasios que se vienen a más y quieren más… y por abajo. El Cid se empeñó en sacar la muleta por arriba y el toro le protestó una y otra vez. Trató de quedarse quieto y lo consiguió. Pero de ahí a engancharlo y pegarle los veinte muletazos buenos que tenía iba un abismo.
El cuarto no fue menos importante. Con mucho fondo y una clase que destapó en un capotazo de Alcalareño. Un punto suelto salió el animal, pero siempre volvió, siempre la quiso tomar y lo hizo por abajo, muy largo y con son. El Cid pareció apuntar de primeras en redondo, pero se fue amontonando, cada vez más sucio, las series cortas y sin el corazón para dejarla puesta y tirar de él, que era lo único que pedía animal tan bonancible. Y se fue, y se fueron. De cuatro toros en la feria, tres con orejas. Y ni unas palmas.
Castella dejó lo mejor en un quite al primero. El Cid lo sacó del caballo y no parecía querer dejarle intervenir. Pero el francés se impuso y quitó por gaoneras, quieto como un palo. Ahí se acabaron las ideas en una tarde especialmente espesa de Sebastián. El segundo fue el toro, seguramente, de más clase de lo que va de feria. Qué forma de colocar la cara, de desplazarse, de templarse. A Castella lo enganchó en los primeros muletazos y después no hubo arreglo de la cosa. Pegó muchos pases pero se empeñó en ponerse encima cuando el animal, claramente, embistió mejor de largo.
El final, muy encima, con circular y manoletinas, lo jalearon. Pero parecía más el intento a la desesperada de levantar la faena al toro que se fue. Dos pinchazos muy feos y media caída pusieron fin a aquello. Y antes, un volteretón cuadrando al toro para matar, que ya le había avisado antes. Fue error suyo, y el toro no perdonó.
El quinto fue muy flojo de salida. El toro tomaba las telas pero le costaba aguantar. En lugar de cuidarlo. Sebastián dejó que lo pegasen en el caballo. Y llegó todavía peor. El francés dejó que lo enganchase siempre, entre la defensa del animal y temple ausente. Y cuando se quiso poner encima se lo recriminaron. A por la espada y abajo. Para hacérselo mirar.
El primero de Pinar también se dejó lo suyo. Con menos motor pero mucho celo, era animal para llevarlo a su altura y templarlo mucho. No tuvo Rubén esas virtudes en la faena, precisamente. Por fuera siempre, con tirones muchas veces y enganchado todo por la izquierda. Un bajonazo y adiós muy buenas. La corrida se mereció más. Mucho más.
Ficha del Evento
Corrida de Toros, Décimo Tercera de la Feria de San Isidro 2010
Monumental Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid): Lleno
Se han corrido seis toros de El Puerto de San Lorenzo, extraordinariamente presentados y de muy buen juego en su conjunto, de excelente trapío, casta y clase, a excepción del 5°, flojo con destacada mansedumbre. Destacaron el 4°, con transmisión, noble y de gran clase, y el 6°, extraordinario, que fue ovacionado y solicitado el arrastre lento. En el arrastre escucharon respectivamente Palmas, Palmas, Silencio, Palmas, Pitos y Ovación. Pesos: 551, 553, 562, 563, 569 y 571 kgs.
- Manuel Jesús ‘El Cid’ [Tabaco y Oro]: Estocada trasera y Descabello (Silencio). Estocada desprendida (Silencio)
- Sebastián Castella [Celeste y Oro]: Dos Pinchazos y Media Estocada (Ovación con Saludos tras Aviso). Dos Pinchazos y Estocada corta (Silencio)
- Rubén Pinar [Azul Pavo y Oro]: Bajonazo (Silencio). Bajonazo (Silencio)









